Anderlecht (0-4) PSG

Dijous, 19 Octubre 2017


La ya bautizada como NCM firmó una actuación digna de los grandes, capaces de desarbolar a un adversario sin necesidad de ser netamente superior a ellos, a base de eficacia, ese instinto entre asesino y displicente que tienen quienes se siente superiores.

Entre los tres han logrado nueve de los 12 goles que metió en los tres primeros partidos de la Champions League el PSG, una señal de identidad que le otorga el aura de los favoritos, que les convierte en temibles para los rivales. Sin haber concedido un solo tanto en contra.

Como frente al Bayern Munich en la segunda jornada, el PSG de Unai Emery marcó a los 3 minutos y ya solo tuvo que aguardar que sus dardos ofensivos fueran cayendo.

El Constant-Vanden Stock olía a masacre cuando Mbappé aprovechó un genial centro de Verrati -destinado a convertirse en el proveedor de sangre a la tripleta ofensiva- encontró a un Mbappé -que solo necesita unos centímetros cúbicos para asesinar- que buscó un hueco entre las piernas de Sels para poner el duelo cuesta abajo.

No se doblegó fácilmente el Anderlecht, un rival bravo pero muy inferior a los franceses, un equipo que el técnico Hein Vanhlaezebrouck ha cambiado totalmente de rostro.

Hasta tres ocasiones se procuraron en apenas cuarto de hora, pero ni Kums desde el borde del área en el 6, ni Onyekuru mano a mano con Areola en el 12, ni Teodorczyk frente al gol en el 15, tuvieron la misma sangre fría que sus homólogos parisienses.

Esa fue la diferencia, un equipo voluntarioso, bien asentado, fue un juguete frente a la maquinaria de guerra parisiense, que dejó entrever una debilidad defensiva que pudo deberse a la ausencia de Thiago Silva, insuficientemente recuperado de una lesión, pero que fue la única nube en el prometedor horizonte que presentan los franceses.

Al trabajo de amanuenses de los belgas antepuso el PSG un bisturí, cortes finos pero profundos al fondo del corazón belga, ante la mirada incrédula de Eddy Merckx, que debía decirse desde el fondo de su pasión bruselense que este PSG tiene algo del hambre caníbal que animó su carrera ciclista.

Al borde del descanso, en el 44, Neymar dividió la defensa belga, disparó contundente desde el borde del área, el balón, mal rechazado, llegó a la cabeza de Mbappé, que sirvió para la de Cavani que solo tuvo que empujar el balón a la red.

Sin brillo y con 0-2 al descanso. La firma de los grandes. Un guión que no cambió tras las duchas, el mismo guión, trabajo de hormigas frente a pisadas de elefantes.
 
Faltaba el gol de Neymar, que llegó en el 66, en una falta bien situada, un gol astuto, de esos que parece que quien los hace sabía el futuro diez segundos antes, que la barrera del Anderlecht saltaría y dejaría bajo sus pies un hueco que el arquero no iba a anticipar y, por ahí, como si nada, el balón encontraría el camino de red.

Así fue para que el brasileño culminara el trabajo, casi burocrático si no fuera porque tiene el brillo de las estrellas. No hubo mucho más. El Anderlecht se lanzó en busca del honor y Onyekuru tocó el palo. Pero los belgas carecen de la chispa que le sobra al PSG.

A la fiesta se unió Di María, que había sustituido a Cavani y que no celebró su gol, como si el argentino no se sintiera concernido por la fiesta que vive su equipo.

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  • Font: ESPN

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